Neruda verdad

Neruda procuraba, aunque no quisiera, escribir los versos más tristes de aquella su noche. No entiendo aún como un módico e infame gusto por las lamentaciones puede llevarte a escribir tan bellos versos en medio de tanta tristeza. Este Neruda no sólo escribe desesperadamente, sino miente un poco sobre esa melancolía romántica que define muy bien el arquetipo del amor. Y es que nombrando cosas uno no sabe si incluir la tristeza y el odio en el amor, teniendo en cuenta que no se puede odiar ni estar triste sin haber amado.

En conclusión, Neruda tenía razón al escribir “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.” porque nunca olvido que de tan poco amor, se puede escribir tanto.

La Pascua sin conejos (carta I)

Te escribo esta carta Marta Julia, con la intención de que tú no sólo leas lo que suena “bonito” sino también te detengas a ver los espacios que están vacíos porque no los quieres llenar.

Por si te preguntaste si es una carta de queja, más bien sería en todo caso una epístola profética. De esas que al leerla crees que no son para ti. Que piensas y son para tenerles miedo más que para entenderlas simplemente porque las palabras más feas se leen primero.

Tú lo sabes Marta, eso de ser imaginaria no te sienta bien. Mucho menos eso de andar de melancólica por no vernos cuando estoy frente a ti y tú mantienes los ojos cerrados. Cómo lo hemos hablado antes, el tiempo sólo es bueno para añejar vino. Ay Marta, con todo el dolor de mi corazón me dueles menos, es irónico que estando tan cerca no nos podamos agarrar la mano porque tú sigues rascándote los miedos con las dos…manos. Yo no es que haga mucho la mayoría de veces y creo que haciendo menos la hoja seguiría en blanco. Por lo mismo no sugiero, sino insisto en que abras los ojos. Que puedas darte cuenta que si escribo es porque tengo las manos desocupadas, la boca cerrada y los ojos sin tu cuerpo. No me tientes a no tentarte Marta, no vaya ser que nos guste andar abrazando el viento.

Marta Julia, fue un mes de julio que yo ya ni me acuerdo. Si me escribías de amores que no existían, que sólo sabían poner la otra mejilla para seguir siendo abofeteados. No recuerdo bien si eras tú o era yo el extraño que hablaba de distancias que sólo servía para agarrar impulso. Eran conversaciones sobre lo que nos hubiera gustado ser el uno del otro estando más cerca. Y ahora que te tengo, ahora que te tengo…por qué te alejas?

foglio bianco.

Cuando nos alcanza el verbo

“zarza ardiendo”



“La palabra mágica” – Augusto Monterroso (1921-2003)

La palabra más elevada es un papelito en blanco que quiso ser libre y se libró del poeta. La palabra más elevada siempre baja por uno, ya sea por lástima o simplemente porque se le acabó el helio al globo que la llevaba. La palabra más elevada a veces está en el espacio, visita estrellas, duerme entre nebulosas y de vez en cuando la mandan por algún agujero…negro.

Nosotros que somos tierra, barro y maíz de vez en vez nos dejamos a veces, no por si uno quiere, sino porque a uno no lo quieren mucho. Esa palabra es la que ve de lejos cada lágrima que baja por el río; y a veces también río cuando recuerdo a la palabra, que me ve, que sabe leerme, que inmiscuye en mis entrañas, y por si te extraño ya lo sabe.

De ser humana, esa palabra se haría frase, oración y plegaria. Sería el estrato de oposiciones que muy bien representan al resto de la humanidad. Sería el falso y verdadero, la humildad orgullosa que no sabe si hacer el bien sin hacer sentir mal a alguien.

Yo no sé si la palabra más elevada baja para hacernos sentir vivos, yo desde hace mucho que ando muerto. Pueda y esa palabra no es hombre entre los hombres y como nos gusta ponerle nombre a lo que no conocemos yo en mi caso le llamaría: “amor del bueno”.

Esa palabra ha de estar durmiendo en la mente de alguien en este momento, susurrándole un “muy pronto” desde la esquina del “te quiero”. No podría sino suponer, asumir, inventar o morir si por algún motivo me llegará una esperanza a persuadir; seguramente sería a una locura, a un fruncir de ceño o a escribir de nuevo.

Bendita palabra, exclamará el mudo desde el gemir de su mirada, el musitar de la respiración, el ruido de sus pasos, y el susurro de su aleteo.

Gracias a esa utópica palabra, a ese indestructible verbo tan real en un mundo de ciegos. Es que yo hoy puedo negarme de nuevo, decir que no soy lo que me dijeron, por creer que un silencio entre las nubes, en una hoja en blanco, en la nueva historia, allí; allí me escribirá de nuevo.

Madrugada ideal

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(6:04 am)

Cada mañana, como ésta, pareciera y se le conoce hasta que el sol alumbra la tercera parte del dormitorio. Es raro, pues cada mañana es diferente, aunque el mismo sol nos quiera alumbrar. Yo, por lo regular, me veo como el factor más ambiguo del ambiente, el único cambiante, que deja vagar su única mente.

Simplemente veo la ventana, creo en el pasado, respiro y recuerdo que las secuelas, vestigios, captaciones, rastros  de un ayer, que definitivamente no es hoy y mañana yo no sé. Provocan imaginar, que no es tan malo recordar, mucho menos delirar, con la idea de no recibir y tampoco poder dar.

(6:16 am)

Suspiro a la misma hora o por lo menos eso intento. Es la necedad más compleja de explicar pero más fácil de sentir, la que me hace querer recrear una madrugada ideal, que por no haberla diseñado de antemano pasó y nunca fue mía. Pareciera y el único Dios al que conozco o quiero conocer ha dejado que el diablo pruebe mis imperfección una vez más.

“Dicen que Dios no juega a los dados, yo supongo que es porque el diablo jugó primero.”

(6:22 am)

Escucho al televisor que pareciera y se queja por la el grosor que se carga. El muy condenado no sabe que no es una pantalla plana, simplemente porque no me alcanza.

Veo que los noticieros tienen su propia necedad, esa de querernos educar como si fuéramos niños. Exponiendo una mentira y haciéndonos creer que cada mentira es la única verdad. Esos noticieros sólo aciertan a la hora de hacernos esperar a que la del clima nos exponga…y no sea el clima.

“Esos noticieros sólo saben despertar miedos, enaltecer murmullos, humillar esperanzas, esas que para cualquiera le hacen no creer en una madrugada ideal.”

(6:25 am)

La culpa es tuya por estar lejos, allá donde ya no me alcanza la imaginación…

(7:02 am)

Dónde quiera que estés, yo sigo planteando la segunda parte de nuestra escena. Tengo la madrugada, la cama acostumbrada, y todos los fantasmas que te mantuvieron calmada.

 

Lo que somos

Mario Benedetti – La tregua.

“Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.”
Mario Benedetti, La tregua

Quien no quisiera serte
para luego buscarte
sentirte
soñarte.

Para luego volver y….
tenerte.

No podría sino amarte
de mañana y tarde poder provocarte
para luego invitarte a que te quedes.

“Todos tienen lo suyo y yo te tengo a vos.”
No es lógico ignorar que el amor es la única guerra en donde a veces conviene dejarse ganar. Yo no pierdo, tan sólo me pierdo…lo bueno es; que siempre es en vos.

Y aún preguntan, ¿que sómos?, cuando somos el cúmulo de enigmas, que los postigos no lo ocultan. Una epifanía de color.

Un amor real, que nos haga cruzar la calle de la mano.

Imprescindible eres cuando estás de frente, a espaldas, en la nuca o en el ceno de la lejanía. Allá donde orbitan las etrellas que por ser fugaces sólo se saben reír entre ellas.
Soportable eres hasta cuando no rimas, no estás sujeta y sólo nos toca el predicado. Cuando sos textual, bien coqueta, con el vestido un tanto arrugado de la espalda por tanto dársela a quienes no la merecen.
Amables son tus caricias y besos. También lo son el susurro de tu “no sé que me pase” y “por donde me estás pasando hoy”.
Trascendentales son tus no-consecuencias, aunque prefiero coincidir en tus mismos pecados.

Si me pierdo es porque conozco el camino y siempre elijo irme por tus paisajes. Prefiero cruzar la pradera descalzo, con la camisa un tanto desgastada de tanta vuelta, por tanto jaloneo.

Qué hermoso es esto de escribirte como si entendieras lo que escribo. El fin no es que me entiendas, solamente que quieras vivirme igual. -Te amo-

Amor de palabra.

Facsímil de amor

Surrealismo

“Yo no iba a mencionarte ya pero los fantasmas empezaron a gemir. Vos no sabes, o no sé si te acordás. Yo sigo siendo el mismo, me visto igual porque me gustaba errar en las camisas para que luego me fueras a dar otra. Por ahora ya no hay quien me cambie la camisa, y no sólo eso sino tampoco hay quien me diga “que bien te mirás”. Y como voy a saber si me miro bien, si vos que me mirabas desde la sombra hasta el asombro me dejaste de sonríer; de sonreír sólo porque sí, o tal vez no, o pueda nunca sepa yo porque tu sonrisa era constante; como el saludo en la mañana, ese mensajito que ya no recuerdo si me despertaba o me hacía seguir soñando.

Viene al caso recordar, antes que no preguntes más. ¡te extraño!, no sé si es porque te fuiste o porque me dejaste esperando.

Te extraño.

En seco te lo escribo para que la humedad no llegue a correr toda la tinta que se me acaba, como vos. No te vayas, esta vez quedáte un poco más; si quieres con los mismos temores, no importa, me importas y eso es todo lo que debe importar.

Espera que se caliente la sábana y luego mientras ya no sé…te vuelva a olvidar.”

Fragmento de algún libro que no he escrito.