Tú, la espera (día IV)

Hoy te haré sentir bienvenida, no te conozco de frente pero sí en vida, no eres cualquier desconocida cuando te reconoces siempre que vuelves. Hoy regresas a causa de esta espera, que supo dirigirte bien para que tú no te perdieras. Hoy regresas y sigo esperando en la misma esquina, donde el amor siempre se avecina a preguntar si aún no me dejas.  Realmente eres mi princesa, no dudo de tu certeza, tú vienes y yo aquí…esperando, caminando, por tu rumbo.

Paciente de un mal que no lastima, que cura la seguridad, que disipa la neblina, que despeja los cielos para ver las estrellas, para contar cada una mientras te pones más bella. Sigo esperando y no estoy cansado, muy pocas veces me he olvidado. Sigo firme en lo que no supongo, en lo que creo, a lo que me dispongo. He allí la belleza escondida, de esta locura que te hace sentir bienvenida. Te escribo a ti que vives no tan lejos, que pareces distancia y estás a unos versos. Sigo escribiendo para que sepas por dónde, para que sigas el camino que a ti te corresponde.

Después de unas lunas veo tu venida, y tú tan normal, siempre bienvenida. Sabes sonreír a la paciencia que espera que nos recibamos felices mientras ella desespera. No me arrepiento de esperar una vida, que fueron días y algunas despedidas. Cierro los ojos para seguir soñando, estaba despierto, ya me estás susurrando. Reconozco tu voz, es como la melodía, la que nunca pude escuchar y siempre fue mía.
Ahora te aprecio y pruebo las caricias, que añejaron los días y consumen mis sonrisas. Puedo dormir sin la intención de perderte, pues moras dentro y me vives de frente. Le he dicho a mi almohada que no sientas celos, que mi cabeza en tu pecho es por ahora mi cielo;
en el que pretendo escuchar cada suspiro salir, que procura besar lo que ahora puedo sentir.

Ahora comprendo que la paciencia no es mala, que el malo soy yo por no dejar prepararla.
Ahora comprendo que la espera es justa, mientras ella regresa emprenderé una búsqueda.
Ahora comprendo que el amor es consciente, que no pierde la certeza y que tampoco miente.
Ahora comprendo lo que yo no entendía, que la felicidad es felicidad y no melancolía.

“Ahora sonrío como causa justa, besos sus labios, la espera ya no me asusta…”

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