Carta I

Amada mía:

Tú que conmueves el corazón de esta piedra de tropiezo e inundas los océanos que separan nuestras tierras.

Tú, que vacías el cielo y guardas todas sus estrellas en tu espalda; he decidido escribirte a causa de esta distancia que no se mide con suspiros y que no se acorta con cerrar los ojos.Es la distancia de dos almas que no se saludan desde que se desconocen, solas, en diferentes poemas.

Probablemente no reconozcas el puño de estás letras porque siempre abrí la mano para acariciar tu silueta.

Te recuerdo que soy el mismo y que estoy en el mismo lugar en donde decidí quedarme. Considerando que estás de viaje o nunca has venido, te escribo como quien no tiene más recursos fuera de sentir; sentir sin ti, claro.

Amada mía, musa de todas mis caricias y todo el arte que he de pintar en tu cuerpo.
Amada mía, mujer que calla cuando el viento le susurra todos mis suspiros y placeres por venir.
Tú…poema.

Amada mía, todas las noches esperaré tu respuesta, o seremos la misma, juntos. No te enfades si mis sentimientos no llegan a tocarte como yo quisiera, pero el papel no sabe sentir como lo haría yo, contigo. Lamento no estar en esos días grises, también lamento que tu color se haya quedado en mi sonrisa. Mientras tanto seguiré sonriendo, esperaré, soñando con los ojos abiertos. Amada mía, soy el mismo extraño, el que finge conocerte mejor que todos. Te extraño.

Intento no leerme desesperado, solo un tanto deprimido y sincero.

Te quiero.

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