Para el ciego, amor a primera pista.

Solía ver a todas las mujeres con un amor sin amor. Eso que aprendí a través de cada tropiezo que nunca fue un impulso necesario para volar. Todas las mujeres ofrecen alas, pocas ofrecen cielos.

Hoy, una noche diferente para aquellas personas que no creen ser las mismas desde que abren los ojos, ese mismo como yo. Hoy, en un intento por ser y fingir voy al lugar de siempre, donde nunca están los mismos. Todos diferentes. Caminando hago pausa bajo el poste de luz que no da una luz verdadera, sólo demuestra un resplandor ajeno que intenta robarle a la noche todo su esplendor, no saco algún cigarrillo porque no fumo; Yo siendo vicio sé de tantos que no me gusta consumirlos, yo me consumo, solo.

Llego al punto de reunión tan solo como acompañado, lleno de amor y vacío de amantes. Al entrar hay algo que interrumpe mi manera tan vana de pensar en el por qué de lo que no es pregunta, sólo respuesta. Entro al lugar y todas las miradas me rodean, al tomar asiento abro mi mente y descubro un poco mi corazón para entender a los que me ven sin estar viendo. Tocan la puerta y entra un grupo de personas tan normales, con sus modales, sus perfumes, peinados a la moda y algunos miedos. Percibo una fragancia a mujer astuta, madura y correcta. No logro verla al rostro, pero viene de la mano de un fulano muy humilde y muy normal. Logro omitir el interés y sigo escuchando a los mudos que sólo dicen lo que quieren escuchar. Reconozco a la dama que se sienta al frente, al instante le disparo una mirada de duda para que la misma quepa en ese vacío que tienen sus ojos. Una mirada perdida, perdida de tanto buscar.

Ella está de la mano del mismo fulano, él no la suelta por miedo o por mucha seguridad, no lo sé. Luego de saludar a todos sigue con el proceso de escuchar para después tomar la palabra. Lo que ella ignora es que ha tomado todas las mías.Entonces comienza a hablar,—Una mujer de principios—me dije.— Pero no entiendo la manera en que lo hace, habla con la seguridad que a mí me falta para seguirla viendo. No puedo contener mis ganas de seguir lanzando miradas no tan perdidas, de indirectas que ya consiguieron dirección. Empiezo a actuar por impulso, por instinto, por amor; una palabra que implica un compromiso que no tengo, un trabajo por el cual no he tenido buena paga, una razón para toda mi locura, tan nuestra como mía y suya.

Ella habla y yo la escucho, pero la escucho diferente, con oídos sordos al mundo y prestos al suyo, al nuestro, un mundo para los dos.Tengo miedo y no sé en dónde guardarlo. Tengo miedo y no es mío, es nuestro.

Ella reacciona y calla, todos lo notan, menos ella que sigue en ese silencio cómodo que le permite verme sin hacerlo, esa habilidad que tienen las mujeres de ver por interés e ignorar por miedo. El fulano aprieta su mano pues nunca la a soltado, la aprietan los prejuicios por miedo a perderse, ella cierra los ojos para no enamorarse.Algo que pasa y pasa despacio…porque así lo quiere.

Al terminar la reunión intenté agachar la mirada y pasar desapercibido, caminé rápido como quien corre el riesgo. Tenía pena, pena ajena. No podía disimular esa mirada que ella plantó en mí como señal de rendición. —Ella, más que mujer es musa.—me dije—.

Esas cosas que crees ciertas porque tu religión te permite creer en todo.

Distintos pero no diferentes, mortales de un amor tan inmortal desde aquella noche; la noche donde fuimos humanos. Mortales, pero no muertos.

amants

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