Casi un réquiem

He llevado las azucenas al panteón,

me he colocado el traje perfecto para la ocasión.

Esta es la cita que en mis angustias no había planeado,

donde llora el tonto y sonríe el desolado.

 

Todos se juntan para rezar en mi ausencia,

mi propia muerte implora y llora, será por demencia.

Mi niñez me visita con el traje de marinero,

el espejo del primer naufragio, del que salí primero.

Todos los errores se sientan al frente,

de esta misa que preparó el inclemente.

 

Hoy veo el sentir florecer,

en un jardín donde yace mi entierro.

No saben que moriré de último,

pues los muertos viven primero.

 

Es la muerte de un recuerdo,

que lleva por nombre “yo”.

 

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