En secreto

Vía @Lex_J_Dean / @aiikolors

– ¡Hola! ¿Te sorprendo? No sé si deba hablarte o callar, pero es tanto el tiempo que ha pasado que no puedo creer aún lo mucho que has cambiado. Se ve hermoso tu cabello así, un poco largo. Lo suficiente como para columpiarse en él mientras arrullan tus sueños. Conservas la misma sonrisa, en la que recostaba mi cabeza. Sobre la que solía soñar despierta. ¿Te encuentras bien?

– Me he encontrado ahora que te veo, y no sé si cuenta pues tengo los ojos cerrados. Seguramente sea por querer pensar que te sueño, pues te he visto, pero hoy te estoy viviendo. Tú, acá a mi lado, del lado correcto. Hace tanto que no te veía de cerca, hace tanto tiempo que el mismo nos espera; yo también esperaba. No sabía qué, pero esperaba. Qué linda sonrisa. No te sonrojes, no ahora. Bueno… sonríe. Me encanta.

– Te sonrío y me sonrojo. Y ya ves que los sueños no suelen hacerlo. Puedes abrir los ojos. Aquí estoy, tan real como tú. Como ahora. Como siempre. Te he pensado en este tiempo. Te he visto. Te he soñado. Te guardo en las melodías del tren. Y no dejo de sonreír al escuchar nuestra canción, esa en la que la pasión nos aguardaba. No puedo dejar de sonreír ahora. ¡Qué vergüenza! Mi cara debe estar tan roja como el botón de tu camisa.

– ¿Recuerdas la camisa, del otro lado del botón? Pero bueno, no importa, por ahora no. Y es que me encanta verte sonreír, tan poco maquillaje e innecesario, pues tu sonrisa abarca la mayor parte de tu rostro. Y qué rostro el tuyo. ¿Me prestas tu mano? Es para buscar mi futuro, para que me lo devuelvas. Lo quiero ahora, conmigo. Nosotros. Los dos. No lo que fuimos sino lo que somos. Tan reales y ausentes, pero más reales. Aún sigues sonriendo y yo que no quiero dejar de verte sonreír.

– Te sonrío. Te sonrío y no puedo detenerme. Y los pómulos me duelen y no me importa. Extrañaba hablarle a tu mirada con la mía. Y decirnos lo que nadie jamás entendería. Te daría mi mano si prometieras llevarla contigo. Perdona si se disipa un poco mi sonrisa. Pero entiendo que llevas entre tus dedos el futuro de alguien más.

– No quiero darte la razón. Aun, prefiriendo esta locura, necesito bajar de este cielo. Ella es una buena mujer. A pesar de todo esto, he cometido el error de no olvidar; mi error fue olvidar sin buscarte. Ahora ha pasado el tiempo, el necesario como para comprometerme con otro corazón. Pero, no sé. Siempre has estado. En silencio. Pero… quiero. Sí, contigo. No dejes de sonreír, no ahora. Eso me hace seguir aquí. ¿Pero por qué ahora? ¿por qué esperaste hasta ahora? o ¿acaso yo me doy cuenta hasta hoy?

– Ahora se me hace difícil mirarte a los ojos, así como es difícil entregarle mi alma al tiempo. Te quiero. Siempre te quise. Pero no tuve la suficiente valentía de decírselo a mi espejo en las mañanas o a mi cama por las noches. Tú lo sabías. Lo sentías como yo. Lo veías en mi sonrisa. Lo palpabas en mi mirada. Y así, nos hemos esperado tras el calendario. Muchas “ellas”, algunos “él” y al final: tú y yo. ¿Te das cuenta que estamos hechos de espera? No sé qué hacer con tanta. Pero no dejes que se esconda mi sonrisa.

– Escapémonos, de nosotros mismos. Huyamos de la gente, de la multitud de culpas. No tengo las soluciones pero las podemos buscar juntos. Yo no te dejo si tú no me dejas. Y si piensas en dejarme, me dejas contigo. Otra vez. Y otra vez. Es que quiero estar. Ser y estar. Tan sólo para ti. No llores, toma mi mano, tengo miedo del camino pero no estaremos solos. Caminemos, hasta que nos encuentre un nuevo amanecer. Una última promesa: ya no más promesas por hoy. Te quiero, cuerdo. Te amo, loco. Quédate loca conmigo.

– ¿Y ella?

– Se lo diré si tú… si tú no me dejas ir esta vez.

– No quiero que te vayas. No quiero dejarte ir. No quiero verte caminar con el futuro a tu cuesta y yo aquí: detrás. Quiero caminar contigo, a tu lado. No quiero perderme tus sonrisas. Y quiero ser quien detenga tus llantos. Ser abrazo. Ser caricia. Ser beso y carcajada. Ser amor.

– No llores. No llores si no te vas a secar con mi camisa. Si no me vas a abrazar fuerte para que yo pueda decirte que todo va a estar bien. Que podremos. Que los miedos se vencen con amor y que para amar hay que probar sin miedo. Te quiero. Y por mucho te sigo amando.

– Te quiero. Te quiero y no quiero detenerme. No más. Quiero ser. Contigo. Ser uno. Ser viento. Y pintarnos de colores y volar. Y crear melodías al andar. Te quiero y en mi abrazo te lo digo. No me dejes. No me sueltes. Que mis brazos te sostienen y no te dejarán caerte.

– Esta vez, sólo los dos. Vamos, límpiate, hay que seguir…

a escondidas.

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