Vientos de noviembre

7 de noviembre de 2012

¡Cuánto me alegro de haber partido! ¡Ay enemigo mío, lo bello que es el amor! ¡perdóname por alejarme de ti, tú que eres yo, que ya no estás frente al espejo! sé que me lo perdonarás. Creo que el destino me ha puesto entre dos mundos, el mío y el de ella. ¡y yo, enemigo, amigo¡ que no creía en esas cuestiones de tiempo. Señales de vida, mensajes subliminales que sólo llegas a percibir con los ojos cerrados. Me refiero a lo “nuestro”, enemigo, a las cosas que ya no somos. Hoy ya no te extraño y nomás vengo y te escribo.

Dicen que ya no siento, que mi corazón es un contenedor de miedo, que parezco ausente, pero que no me alcanza para llamarme taciturno. Supongo es porque hablo mucho, solo, pero mucho. Pero amigo/enemigo, hoy quiero contarte como sopla el viento de este lado del camino. También, como al principio de esta carta quiero comentarte de ella. Probablemente, tú, que no creías en mí, y yo, que siempre supe que no existíamos; ignorábamos el sentido que tienen las ráfagas de amor en este mes de noviembre. Por ahora espero la lluvia ya mojado, acompañado de ella querido amigo/enemigo.

Ella….—él suspira—, no sé como empezar sin terminar sonriendo. Enemigo, por hoy serás más mi amigo porque no tengo a quien contarle de esto sino a ti, amigo, enemigo. Ella es el colmo de estrellas que no sé si se multiplican en mi cielo, por bondad, por gracias, porque sí. Pero de igual manera amigo, ella en su vaivén de caderas, con un sutil movimiento, me condena a una cadena perpetua que me hace recorrer con la mirada todo su cuerpo. Y no sé amigo, si ella sospecha de mi pasado, pero si sé que ella siendo presente, sabe como hacerme pensar en mi futuro. Amigo, créeme que ella sabe que soy un ausente, pero también sabe como hacerme sentir presente.

De este lado, amigo; de este lado sopla el viento en dirección al sur. Tú comprenderás que de ese lugar provienen tormentas y los mejores idilios. Por ese lado también nacen la flores, las mismas que cortamos y nos hacemos llegar a cada momento. Amigo, no te escribo para que me recuerdes, sino para que te recuerdes que ya no soy el mismo, que ella ha cambiado mi vida (si es que la tengo) por otra que parece existir para que la acompañen. Yo decidí acompañarla con ella, y te lo recuerdo una vez más. Ya no soy el mismo, espero me perdones amigo/enemigo, pues yo ya me perdoné por no haberme ido antes, pero en noviembre me quedaré, con ella y por siempre.

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