Ilusiones reales y otra ironías

Está carta te la mando porque sé que vos querías saber de ella. No pretendo ocultarte nuestra historia, hace poco supe que anda con alguien. Parece estar feliz, quisiera contradecir esto último que te escribo pero sé cómo se ve cuando está feliz.

Hace mucho que vos y yo no hablamos, sé que vos andas con el corazón dolido por causa de un amor que no sabía amar. Espero y esta historia que te voy a contar no te lo destruya y más bien te instruya.

Todo comenzó un noviembre bendito, ella se atravesó en mi camino o no sé si fui yo quien se hizo tropezar en ella. Ese día la conocí, por cierto, ella, muy enojada me miró en defensa propia con cara de espanto. Yo no me espanté, vos sabes como soy yo cuando me enfocó en algo. Ese día ella se ganó mi atención. Llevaba un vestido que el viento nunca supo quitárselo, tampoco lo intentó el ingrato. Llevaba los pies al descubierto. Vos sabes que yo leo a benedetti y según dice él la belleza sube por los pies y que crees vos?  Sus pies estaban como sus tobillos, como su talón… hermosos.

Amigo, no quiero contarte lo que pasó luego de vernos, pues ella siguió y no me dejó mayor cosa que contar. Lo sé, fui un tarado por no hacernos tropezar de nuevo. Lo que nunca imaginé querido amigo es que el destino nos quería de vuelta y yo que me quedé con el olor de su cabello supe reconocerla de nuevo entre la gente, otro día bendito del mes primero.
Vos también sabes que soy medio bruto para callar y enseguida le fui a hablar. Su mirada fue otra, su corazón me reconoció. Lo supe por el tic nervioso que luego confirmé tenía en su boca. Cada vez que ella se ponía nerviosa se mojaba los labios, vaya a saber yo porque tenía tan sensual gesto y yo que la estaba mirando.

Amigo, te cuento esto con el mismo dolor que sentís. Hace unos días que por causa tuya desenterré todo esto. Bueno, mejor sigo. Un 12 de febrero  regresé a esa plaza, vos sabes que mis vacaciones son cortas. Me tenía que regresar, no sin antes dejarle algo a ella. Ese día había mucho calor, yo llevaba un traje del cual me arrepiento, pues la corbata me estaba matando; y no era de amor amigo, no era de amor. Llegué cerca de donde le vi la primera vez, ella no estaba. Quise buscar su reflejo en el agua, y sabes que encontré??  Allí había una flor de cerezo con un papel que decía: “vuelve”.

Amigo, yo ya no pude dormir igual desde ese día. Hasta el sexto mes de ese año, en mi cumpleaños; pude regresar amigo. No sabes que emoción la que tenía, no me sentía tan extraño en ese lugar después de haber amado sin remordimiento.
Esperé unos días amigo, salí del hotel de doña Carlota y me fui al parque del segundo día, vagué por cierto tiempo hasta llegar al monumento. Allí me senté y vi como la luna seguía sonriendo.

Cansado decidí regresar al hotel con la esperanza de percibir su sonrisa nuevamente. Camino al hotel pensé en todos los contras pues no tenía como localizar a la muchacha aquella que me robó el corazón. Al llegar saludé al portero, subí por las escaleras hasta el 2do nivel. Abrí la puerta y encontré un papel que decía: “te estuve esperando”. Sonreí y bajé nuevamente al lobby a preguntarle a doña Carlota si sabía algo. Ella había llegado unos minutos antes, no sé cómo supo que yo estaba allí. No supe muchas cosas ese día.

Días después pude averiguar que vivía en un barrio chico conocido por sus jardines y fuentes. Supe que era de una familia muy recatada, con buenos modales y una pulcra reputación. Decidí aplazar mi estadía en ese lugar, fue durante ese tiempo que ustedes mis amigos no supieron de mí. Comencé a coincidir con ella y a reconocerme ante las personas. Era el extranjero de los modismos; fue tanto en tan poco tiempo.

Amigo, todo pareciera que terminaría bien, mi corazón aún se ilusiona por causa de esa fantasía, yo, un simple extraño enamorado de ella.

¿Sabes hasta donde pude sentir cuando por primera vez la tuve en mis brazos? . Fui capaz de arrebatarle todos sus miedo y esconderlos tras mi sonrisa. Amigo, mi piel arde de ausencia por causa de su aroma en mi nariz. El aroma a nardos que aún está vigente en mi nariz. Su cabello recorrió por más de una vez mi pecho al despertar, tuvimos todos nuestros sueños cuajados entre almohadas que olían a insomnio, a desvelo, a nardos y besos. No era amor amigo, no era amor.

Hace poco que supe de ella, supe que estaba feliz, recordé que me dejó regresar, que me prometió venir y se quedó con todos los miedos.

Amigo, el amor es sufrido… mas no te mata. Te lo dice alguien que se siente vivo. Pude entender que a veces lo que uno más quiere no te necesita.

Tranquilo, estoy con vos. Con lo que me queda de espíritu.

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