Un amor real, que nos haga cruzar la calle de la mano.

Imprescindible eres cuando estás de frente, a espaldas, en la nuca o en el ceno de la lejanía. Allá donde orbitan las etrellas que por ser fugaces sólo se saben reír entre ellas.
Soportable eres hasta cuando no rimas, no estás sujeta y sólo nos toca el predicado. Cuando sos textual, bien coqueta, con el vestido un tanto arrugado de la espalda por tanto dársela a quienes no la merecen.
Amables son tus caricias y besos. También lo son el susurro de tu “no sé que me pase” y “por donde me estás pasando hoy”.
Trascendentales son tus no-consecuencias, aunque prefiero coincidir en tus mismos pecados.

Si me pierdo es porque conozco el camino y siempre elijo irme por tus paisajes. Prefiero cruzar la pradera descalzo, con la camisa un tanto desgastada de tanta vuelta, por tanto jaloneo.

Qué hermoso es esto de escribirte como si entendieras lo que escribo. El fin no es que me entiendas, solamente que quieras vivirme igual. -Te amo-

Amor de palabra.

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